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Mitos y verdades sobre la miel que debes saber

Mitos y verdades sobre la miel que debes saber

La miel es el único alimento comestible para el ser humano fabricado por un insecto de las 950.000 especies que existen en el mundo.

Como se sabe, lo elaboran las abejas. Pero, contrariamente a lo que popularmente se cree, solo un 5% de las 20.000 especies conocidas fabrican la comestible. Únicamente las abejas de la miel, o apis, y las que no tienen aguijón, o meliponinas, producen la miel suficiente para que sea fructífero recogerla. La procedente de los abejorros está reservada a su propia subsistencia.

Existen muchos falsos mitos alrededor de este néctar que se conoce desde hace siglos. Pero también realidades, como que tiene propiedades medicinales y es un eficaz antioxidante.

Debido a sus cualidades antibacterianas y antifúngicas se ha utilizado hasta bien entrado el siglo XX para combatir infecciones, aplicándola a cortes, heridas y úlceras, entre otros usos.

 

Comestible 3.000 años después

Se ha podido constatar, por hallazgos arqueológicos, que ya la utilizaban los antiguos egipcios. De hecho se han encontrado vasijas de barro llenas de miel con más de 3.000 años de antigüedad en tumbas de faraones. Y lo más curioso es que a pesar del largo tiempo transcurrido no se había echado a perder y era aún comestible. 

La miel, pues, nunca se estropea, aunque sí puede perder parte de su textura, aroma y sabor si no se conserva de la forma adecuada. En ese caso perdura, sin perder propiedades, mucho más allá de lo que indica la fecha de consumo preferente o caducidad.

Para asegurarse de que mantiene sus nutrientes, color, sabor e incluso consistencia, hay que guardarla en un bote hermético, a temperatura ambiente y en un sitio donde no le dé directamente la luz solar. No se aconseja dejarla en la nevera.

El motivo de esta durabilidad tan extraordinaria es una enzima que las abejas tienen en el estómago y que actúa sobre el néctar que han absorbido y lo transforma en ácido glucónico y peróxido de hidrógeno, que previene el crecimiento de bacterias.

 

Más nutritiva que el azúcar y más energética que la cafeína

En cuanto a sus nutrientes, contiene todos los básicos: agua, vitaminas, minerales y enzimas para proporcionar la energía necesaria para el ser humano. Otro aspecto importante es la presencia de antioxidantes, especialmente beneficiosos para las funciones cerebrales.

Se considera un gran proveedor de energía natural gracias a sus elevados niveles de hidratos de carbono y glucosa. Los hidratos son el combustible primario que utilizamos para obtener energía, y son imprescindibles para mantener el glicógeno de la musculatura.

Proporciona energía comparable con la de la cafeína, pero de más larga duración y sin las contraprestaciones del café.

Es un hecho comprobado que es una alternativa más saludable a los edulcorantes, tanto los artificiales como el azúcar. Es así porque es más dulce que estos y hay que usar mucho menos para obtener el mismo efecto.

Además, su azúcar puro, que es una combinación de fructosa y glucosa, ayuda al organismo a regular los niveles de azúcar de la sangre.

Se trata del único edulcorante natural que existe. Aunque parte de las vitaminas y minerales que contiene pueden destruirse con solo calentarla durante unos segundos a una temperatura de unos 50 grados, por lo que suele ser más conveniente la no pasteurizada, que es la que suele venderse en las grandes cadenas alimentarias, ya que estas suelen someterse a altas temperaturas para evitar la cristalización.

 

Mejora el sistema inmunológico y protege la dentadura

Pero no se trata solo de endulzar. La miel también es recomendable por sus propiedades medicinales, que no son solo combatir infecciones. Tomar una cucharada a diario puede mejorar el sistema inmune, porque facilita la producción de las células inmunológicas mejorando su efectividad y durabilidad. También contribuye a aliviar los síntomas de la fiebre del heno y de otras alergias.

Es un remedio eficaz para la irritación de garganta. Así lo constataba un estudio de la facultad de medicina de la Universidad de Penn en 2007. Una de las conclusiones fue que una pequeña cantidad de miel de trigo sarraceno antes de dormir aliviaba la tos nocturna y facilitaba el sueño de los niños de forma más eficaz que tratamientos médicos a base de dextrometorfano, un supresor de la tos presente en muchos medicamentos.

Los científicos han descubierto también que tiene un papel protector de la dentadura. Gracias a la presencia de cantidades no letales del peróxido de hidrógeno contribuye a combatir dolencias periodontales, así como inflamaciones e infecciones de encías.

La miel, entre otros atributos, tiene la cualidad demostrada de ser un ingrediente perfecto en cosméticos para la piel, desde limpiadoras a hidratantes que incluso pueden elaborarse en casa. Una máscara de miel aplicada durante no más de diez minutos deja la piel radiante.

 

Cambios de color, viscosidad o textura sin importancia

Existe la idea equivocada de que la miel se ha estropeado cuando aparece cristalizada. En realidad se trata de un proceso natural que se desarrolla para preservarse, y que suele suceder cuando se guarda durante mucho tiempo. En realidad se considera un signo de calidad.

La razón principal de este fenómeno es que la miel contiene alrededor de un 20% de agua, y cuando esta se satura, la glucosa se separa de ella y forma cristales. Cuanto mayor sea el porcentaje de agua, más probabilidades de cristalización, y lo mismo ocurre si se almacena a baja temperatura.

En ese caso se puede consumir con tranquilidad, porque no habrá cambiado ni su valor nutritivo ni su sabor. Si se quiere devolver a su estado más líquido, basta con ponerla un rato al baño de maría, removiendo de vez en cuando para que se diluya.

Tampoco hay que desechar la miel que se ha oscurecido, ni la que tiene una especie de capa espumosa más clara en la superficie. Esto se debe a unas minúsculas burbujas de aire que se encuentran en la miel y que tienden a subir a la superficie.

Tanto este aspecto, como su color, el sabor y el aroma o incluso la viscosidad dependen de numerosos factores. La procedencia geográfica, la fuente del néctar, el clima, la humedad, el suelo, la pluviometría, las flores y el alimento de las abejas son cruciales.

La temperatura a la que se almacena, así como el tiempo que se conserva antes de usarla, tienden a convertirla en más oscura y también le cambian los aromas.

 

Unos insectos muy productivos

La viscosidad no es tampoco un signo para juzgar la calidad de la miel. Aparte de los factores ya mencionados, hay otra razón para que sea más o menos líquida, y es el momento de la recolección.

En la última parte del proceso de elaboración, las abejas baten sus alas enérgicamente para acelerar el proceso de evaporación del agua y hacerla más concentrada. Luego la cubren con su cera. Si no se espera a que lo completen, la miel es mucho más líquida, pero no necesariamente de peor calidad.

Existe la idea de que es imprescindible utilizar cucharas de madera para manipular la miel, porque las metálicas se oxidan y la estropean. No es más que un mito basado en la acidez de la miel. Cierto que a la larga podría producir oxidación, pero eso no ocurre en las décimas de segundo que se tarda en servirse unas cucharadas. Otra cosa es dejar la cuchara permanentemente en el tarro de la miel, algo desaconsejable. Si hay que hacerlo, la mejor opción es una de madera.

Hay quien cree que las abejas no necesitan la miel para sobrevivir, pero es un falso mito. De hecho, una colmena necesita unos 13 kilos de miel para sobrevivir al invierno, ya que es su principal fuente de energía.

Para producir unos 450 gramos de miel hay que recolectar el néctar de unas 2 millones de flores. Una sola abeja produce el equivalente a la doceava parte de una cucharadita de miel a lo largo de su vida, que dura unas seis semanas en épocas productivas. Una colonia elabora entre 2,7 y 4,5 kilos de miel al año.

Fuente: www.lavanguardia.com

Tags: miel, mitos, verdades